jueves, 18 de enero de 2018

¿EL FUTURO DEL MUNDO? ¡EL MONASTERIO INTERIOR! Por Stefano cartabia


artículo destacado




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REFLEXIONES


¿El futuro del mundo? ¡El monasterio interior!


Por Stefano cartabia, Oblato, 
stefanocartabiaomi@gmail.com
URUGUAY




ECLESALIA, 19/01/18.- Arde el mundo en la búsqueda de la verdadera paz y de la alegría. Gente corriendo por la rutas de la vida, persiguiendo frágiles sueños. Todo se mueve y no se sabe por qué y hacia donde. La frustración y el cansancio nos ganan.

Pero hay otros y consoladores signos.

Hay signos, poderosos signos, de luz y novedad. Signos que revelan nuestra Casa de origen. La Casa del Silencio y del Amor. La Casa del Ser.

En nuestro contradictorio y herido mundo se entrelazan y acompañan los signos y los anhelos.

El sin sentido, la desesperación, la pobreza, la violencia, el egoísmo, el consumismo van de la mano – conviviendo (a veces pacíficamente y otras en conflicto) – con la solidaridad, la ecología, la defensa de los pobres, el progreso de la ciencia, las esperanzas y los sueños de un mundo unido y fraterno.

¿Adonde va nuestro mundo? ¿Cuál futuro espera a nuestros descendientes?

¿Podemos aportar algo que marque un hito?

Sin duda la humanidad evoluciona. Evoluciona desde muchos campos y la historia – nuestra humana historia teñida de sangre – está ahí, evidenciándolo.

Crecimos en la comprensión del valor del ser humano y de la vida en general. Crecimos en la tolerancia y en el respeto al diferente de cualquier clase. Los avances de la ciencia y la medicina son extraordinarios.

Crecimos en la conciencia de nuestra raíz espiritual y divina.

Todavía falta, lo sé. Siguen presente en nuestro mundo tanto egoísmo y tanto dolor inútil y evitable. Pero el salto de conciencia en realidad está siempre ahí, al alcance de la mano, porque la conciencia no conoce de tiempo y espacio.

Los grandes espíritus siempre lo supieron: Francisco de Asís había visto – hace 800 años – que la hermandad define el Universo.

Gandhi había visto y vivido que la clave de la convivencia era el respeto y la no violencia.

Y muchos antes, Buda, Confucio, Lao Tse, Jesús, habían experimentado y compartido con sus contemporáneos que la salida del sufrimiento y la vivencia de la plenitud radicaba (y radica) en el amor.

Muchos, muchísimos, estamos de acuerdo con estos descubrimientos e invitaciones de estos grandes espíritus. Tal vez la mayoría de la raza humana, con sus distintas culturas, aprueba y comparte esta visión.

¿Por qué entonces nos cuesta tanto vivirlas, practicarlas, compartirlas?

El desafío se vislumbra en el mismo proceso evolutivo de la humanidad. El amor que nuestros pensamientos y sentimientos aprueban y anhelan, es todavía vivido como algo exterior. No caemos en la cuenta que el amor es, en definitiva, lo que somos.

Es un problema antropológico/espiritual, un problema de identidad.

Perdidos en el pensamiento y zarandeados continuamente por sentimientos y emociones andamos angustiados por el mundo anhelando migas del mismísimo Amor que nos define, nos sostiene, nos crea, nos alimenta.

Nuestro mundo necesita identidad. Necesita descubrirse. La humanidad necesita descubrirse. Apenas hemos entrado en una veta cuya profundidad desconocemos.

Todas las demás “identidades” por cuanto psicológicamente y socialmente sean importantes, son secundarias y relativas: varón, mujer, rico, pobre, europeo, americano o asiático, campesino o doctor, creyente o ateo, de tal o cual apellido.

“Identidades” relativas a nuestra experiencia humana y terrestre, pero “identidades” que se diluirán para dejar lugar a la sola, única y auténtica identidad: el Amor.

El desafío, el único desafío verdaderamente importante es entonces el desafío que nos conduce a descubrirnos amor, amados, amantes.

Hay un camino privilegiado. Un camino directo, una autopista. Un camino que muchas personas “logradas” recorrieron y señalaron.

Es el camino del silencio.


¿Por qué tan esencial y tan directo este camino?


En la experiencia cristiana – por citar una sin desmerecer a las demás que tanto tienen para enseñarnos en este camino – tenemos la gran tradición de los monasterios.

Los monasterios eran y son, lugares de identidad. Lugares de búsqueda de nuestra verdadera identidad. Por eso son lugares rodeados y empapados de silencio.

Monjes y laicos iban a los grandes monasterios – cartujas, benedictinos, carmelitas, cistercienses, por citar unos pocos – para palpar lo eterno. No se conformaban con lo transitorio y lo pasajero. Transitorio y pasajero que tanto nos atrapa y distrae en nuestro tiempo.

Buscaban (y buscan) el Ser que no pasa. Buscaban (y buscan) lo Invisible que se manifestaba en las maravillas visibles.

El Ser eterno que se manifiesta en el tiempo y lo Invisible que late en lo visible, lo permite y lo sostiene tienen una misma característica: se palpan en el silencio.

Por una simple y exquisita razón: pensamiento, sentimientos y emociones son transitorios y pasajeros. Solo el silencio es eterno. El silencio es el espacio donde todo aparece y toma forma. El pensar surge del silencio y vuelve a él. Así los sentimientos.

Entonces ponernos de lado del silencio es optar por la sabiduría. Es optar por lo eterno y por ser verdaderamente libres. Solo el silencio es el espacio de pura libertad. Esta libertad tan aclamada y proclamada en nuestras culturas y desde las clases políticas, pero no encontrada. Porque es una seudo-libertad, una libertad siempre dependiente y condicionada por el frágil pensar y las heridas emocionales.

Solo desde el silencio aprendemos la única libertad. Desde él aprendemos a manejar y disfrutar del pensar y del sentir. En otras palabras de la vida.

Porque hay una Vida y una vida. La Vida silenciosa es la que permite y crea esta nuestra vida terrenal, empastada del pensar y del sentir. Qué pueden ser – y lo son si dudas – enormemente hermosos y disfrutables. Como también sumamente dolorosos.

Hay que volver a los monasterios. Con un cambio por cierto.

Un cambio dictado por la evolución de la humanidad.

Volver y construir el monasterio interior. Hacer del corazón humano un monasterio, un lugar – el lugar – donde el silencio susurra y revela lo que somos.

Se terminarán los templos exteriores o pasarán a ser secundarios. Descubriremos otro templo, otro imponente monasterio en nuestro frágil corazón. Un monasterio que siempre estuvo presente en realidad. El maestro de Nazaret lo había vislumbrado cuando dijo:


“Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23-24).


Podemos acelerar este cambio de época. Podemos crear comunidades espirituales – monasterios sin paredes – que viven desde el silencio y desde el monasterio interior de cada cual.

Monasterio interior que algunos llamaron “Santuario interior”, otros “alma”, otros “intimidad más íntima”, otros “sala del rey del castillo interior”.

Poco importa el nombre. Utiliza el que más te inspire y guste, el que más se ajuste a tu historia y perfil psicológico.

Hermosa es la metáfora del “Debir”. El “Debir” era el lugar más sagrado de Templo de Jerusalén, donde se guardaba el Arca de la Alianza y donde el Sumo Sacerdote entraba una sola vez al año. Es el Sanctasanctorum (Santo de los santos). El término hebreo “Debir” significa “lo que está detrás” y por eso algo oculto, escondido. También viene de la misma raíz de “palabra” (“dabar”). El Debir entonces es el lugar más íntimo, donde todo es silencio y donde se escucha la verdadera palabra. Es nuestro lugar más sagrado, nuestro Monasterio interior.

El futuro de la humanidad pasa por el monasterio interior, pasa por la experiencia de silencio. No tengo duda.

Porque solo enraizados en el silencio podremos descubrir y vivirnos desde lo que somos: el Amor. Porque solo el silencio permite y engendra la vida.

Cuando nos instalamos en el Silencio de nuestro monasterio interior, el Amor aparece. Misterio inagotable que se esfuma a la mínima tentativa de ser atrapado y retenido. Sumamente libre el Misterio nos hace libres, a la única condición de no intentar poseerlo.

No podemos manipular el Misterio, como no podemos decir el Silencio. Solo los podemos ser. Siendo, desde el Silencio interior, el Amor te transforma y transforma la realidad.

Podemos hacer algo. Debemos: por el bien de nuestro mundo maravilloso y de los que vendrán. Podemos hacer algo: haciendo del silencio nuestra Casa y anunciando el silencio por doquier (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).




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VÍCTIMAS DE KARADIGMA POR RESPALDO DEL PAPA A OBISPO BARROS: " LO QUE HA HECHO HOY ES OFENSIVO" Por Alejandra Jara



Víctimas de Karadima por respaldo del Papa a obispo Barros: “Lo que ha hecho hoy es ofensivo”




Víctimas de Karadima por respaldo del Papa a obispo Barros: “Lo que ha hecho hoy es ofensivo”



Por  Alejandra Jara




Los denunciantes de los abusos sexuales en la Iglesia entregaron una serie de antecedentes que a su juicio vincularían a Barros como cómplice de estos hechos: que era parte del círculo de confianza de Karadima y que viajó a Roma para desacreditar sus testimonios.


Este jueves José Andrés Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz, víctimas de Fernando Karadima, calificaron como “ofensivas” las declaraciones del Papa Francisco quien respaldó al obispo Juan Barros, asegurando que las acusaciones en su contra son “calumnias” y no hay “pruebas” en su contra.

Los denunciantes de los abusos sexuales en la Iglesia entregaron una serie de antecedentes que a su juicio vincularían a Barros como cómplice de estos hechos: que Barros era parte del círculo de confianza de Karadima, y que nunca ha negado lo contrario, y que el obispo viajó a Roma para blindar al ex líder de El Bosque y desacreditar sus testimonios.

La conferencia de prensa comenzó con una declaración pública de José Andrés Murillo, quien respondió a la frase del Papa: “El día que me traigan una prueba ahí veré, las demás son calumnias”.

“Calumnia es la imputación de un hecho falso. Esto es grave y no podemos aceptarlo. El obispo Barros formó por casi 40 años parte del círculo íntimo del sacerdote Karadima. Nadie ha desmentido la participación de Barros en dicho círculo, ni siquiera él”, aseguró Murillo.

Además agregó que ellos denunciaron en innumerables ocasiones la presencia de Barros en los abusos sicológicos y sexuales cometidos por Karadima y que en la causa judicial se sabe que los miembros de la comunidad del Bosque -incluido el obispo de Osorno- conocían de los abusos, “a pesar de este nunca denunció al sacerdote”.

Juan Carlos Cruz también relató que en los años 80 un grupo de fieles envío una carta al cardenal Juan Francisco Fresno denunciando los abusos de Karadima y que Barros, como secretario personal de Fresno, destruyó dicha carta.

Cruz dijo que una vez que se hicieron públicas sus denuncias contra el ex líder de El Bosque, el hoy obispo de Osorno viajó al Vaticano para reunirse con Luis Ladaria Ferrer, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe en esa época, para intentar blindar a Karadima y desacreditarlos a ellos a través de cartas de personas cercanas a él.

El denunciante también citó la carta que en 2015 el Papa envió a la Conferencia Episcopal Chilena para abordar la situación de Barros que había sido nombrado obispo de Osorno. Que ese mismo año se filtró un video en que aparecía tildando de “tontos” a los fieles que se mostraron en contra de esta designación y agregó que hubo una acusación judicial contra Barros, pero que había sido desacreditada.

“Hoy el Papa dice que no hay ni una sola acusación”, agregó cruz.

James Hamilton sostuvo que los antecedentes descritos y los dichos del Papa son “de extrema gravedad” y “revelan un rostro desconocido del Pontífice”.

“Lo que ha hecho el Papa hoy es ofensivo y doloroso y no sólo contra nosotros, sino para todos quienes luchan por terminar con contextos abusivos”, sostuvo.

Y agregó: “Esta no es una cruzada contra la Iglesia Católica. Tenemos una relación cercana con muchos religiosos que se la juegan por la verdad dentro y fuera de la Iglesia. Lo nuestro es contra el abuso sexual, el abuso psicológico y los encubrimientos de estos abusos”.

“Por esa razón es inaceptable lo que ha dicho el Papa Francisco en referencia a nuesta causa y nuesta lucha que es la de todos los abusados. En particular del clero, también es la de Osorno. Es ofensivo para nosotros y para todos quienes han sufrido abuso, en especial abuso clerical”, aseguró.


Y concluyó: “No aceptamos amedrentamientos de nadie, por más poderoso que sea”.










miércoles, 17 de enero de 2018

HOMILÍA DE FRANCISCO EN LA MISA EN TEMUCO EN EL SUR DE CHILE (texto completo y Video)







TEXTO y VIDEO: Homilía del Papa en la Misa en Temuco en el sur de Chile


(ACI).- El Papa Francisco presidió este miércoles 17 de enero una Misa en el aeródromo de Maquehue en Temuco. En su homilía alentó a vivir la unidad y a superar todo tipo de violencia.




A continuación el texto completo de la homilía del Santo Padre:



«Mari, Mari» (Buenos días)

«Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes) (Lc 24,36).

Doy gracias a Dios por permitirme visitar esta linda parte de nuestro continente, la Araucanía: Tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias —el quinto elogio realizado por Gabriela Mistral a esta tierra chilena—, sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida.

Este paisaje nos eleva a Dios y es fácil ver su mano en cada criatura. Multitud de generaciones de hombres y mujeres han amado y aman este suelo con celosa gratitud. Y quiero detenerme y saludar de manera especial a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua, atacameños, y tantos otros.

Esta tierra, si la miramos con ojos de turista, nos dejará extasiados, y luego seguiremos nuestro rumbo sin más; y acordándonos de los lindos paisajes, pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar y cantar con tristeza: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar».

En este contexto de acción de gracias por esta tierra y por su gente, pero también de pena y dolor, celebramos la Eucaristía. Y lo hacemos en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias.y recordando estas cosas nos quedamos un instante de silencio, ante tanto dolor y ante tanta injusticia.

La entrega de Jesús en la cruz carga con todo el pecado y el dolor de nuestros pueblos, un dolor para ser redimido.

En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn 17,21). En una hora crucial de su vida se detiene a pedir por la unidad. Su corazón sabe que una de las peores amenazas que golpea y golpeará a los suyos y a la humanidad toda será la división y el enfrentamiento, el avasallamiento de unos sobre otros. ¡Cuántas lágrimas derramadas!

Hoy nos queremos agarrar a esta oración de Jesús, queremos entrar con Él en este huerto de dolor, también con nuestros dolores, para pedirle al Padre con Jesús: que también nosotros seamos uno. No permitas que nos gane el enfrentamiento ni la división.

Esta unidad, clamada por Jesús, es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos. Y es necesario estar atentos a posibles tentaciones que pueden aparecer y «contaminar desde la raíz» este don que Dios nos quiere regalar y con el que nos invita a ser auténticos protagonistas de la historia. ¿Cuáles son esas tentaciones?

1. Los falsos sinónimos

Una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad. Jesús no le pide a su Padre que todos sean iguales, que todos sean idénticos; ya que la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizada.

La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás.

La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o culturas inferiores.

Un bello «chamal» requiere de tejedores que sepan el arte de armonizar los diferentes materiales y colores; que sepan darle tiempo a cada cosa y a cada etapa. Se podrá imitar industrialmente, pero todos reconoceremos que es una prenda sintéticamente compactada. El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los «talleres» de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes.

No es un arte de escritorio la unidad ni tampoco de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar.

La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan solo «recibir información sobre los demás, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros».

Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad.

2. Otra tentación puede venir en consideración de cuáles son las armas de la unidad.

La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí —y necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan «borrando con el codo, lo escrito con la mano». Esto también es violencia, y ¿Por qué? porque frustra la esperanza.

En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división.

La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas.

Estas actitudes son como lava de volcán que todo arrasa, todo quema, dejando a su paso solo esterilidad y desolación. Busquemos, en cambio, y no nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad. Por eso decimos con fuerza: Señor, haznos artesanos de unidad.

Todos nosotros que, en cierta medida, somos pueblo de la tierra (Gn 2,7) estamos llamados al (Küme Mongen) al Bien vivir, al Buen vivir, como nos lo recuerda la sabiduría ancestral del pueblo Mapuche.

¡Cuánto camino a recorrer, cuánto para aprender el Küme Mongen! Un anhelo hondo que brota no solo de nuestros corazones, sino que resuena como un grito, como un canto en toda la creación. Por eso, hermanos, por los hijos de esta tierra, por los hijos de sus hijos, digamos con Jesús al Padre: que también nosotros seamos uno. ¡Señor haznos artesanos de unidad!




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jueves, 11 de enero de 2018

LOS POBRES (Y LAS POBRES) COMO LUGAR TEOLÓGICO, A LA LUZ DE NUEVOS SENTIRES EMERGENTES



Imagen extraída de: Pixabay




LOS POBRES (Y LAS POBRES) COMO LUGAR TEOLÓGICO, A LA LUZ DE NUEVOS SENTIRES EMERGENTES


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Pepa Torres. Estas Navidades he estado releyendo un artículo de Carmiña Navia, “Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas”[1], que en su momento me resultó muy provocador y que hoy lo sigue siendo. Su reflexión me inspira este post. Su relectura me hace consciente de la necesidad de descolonizar la teología. Hasta ahora las teólogas españolas hemos sido conscientes de la necesidad de despatriarcalizarla, pero descolonizarla es un nuevo salto al vacío. Los feminismos postcoloniales llevan tiempo retándonos a ello.




El reconocimiento de la imposible neutralidad del lugar de enunciación y de que un lugar en el mapa, un color en la piel, una identidad sexuada y construida culturalmente configura la manera en que pensamos, actuamos y concebimos las relaciones de dominación y la forma de enfrentarla, redimensiona la compresión de los pobres (y las pobres) como lugar teológico, abriéndonos a nuevas subjetividades y acentos. Hasta la irrupción y el reconocimiento de las diferencias, los pobres no tenían raza, ni color, ni sexo. Se identificaban por los aspectos socio-económicos. En la categoría pobres se incluían distintos aspectos de la marginalidad, se abarcaba la globalidad de la realidad de todas las personas que estaban fuera de los privilegios del capitalismo. Sin embargo, como no se puede detener la expresión de la diferencia, nuevos sujetos se han puesto en pie.

Por eso reconocer a los pobres hoy como lugar teológico es hacerlo como sujetos emergentes, es decir, identificando nuevas identidades que se declaran en rebeldía frente a la exclusión e invisibilidad a las que el sistema intenta reducirles y reclaman reconocimiento, participación, derechos, a la vez que aportan desde sus saberes compartidos y tradiciones elementos alternativos para hacerlo. Las mujeres, los y las desplazadas y desplazados: migrantes y refugiados, que constituyen el sujeto de la realidad de la movilidad humana por causas económicas, ambientales, políticas, religiosas, las comunidades indígenas, las personas marginadas por su orientación sexual o abusadas por la violencia patriarcal, las personas discriminadas por el color de su piel o su origen étnico son algunos de los rostros que toma la pluralidad del sujeto pobres hoy como lugar teológico. Su emergencia despierta también nuevos sentires y acentos en la teología, como reclama la teóloga colombiana. Entre ellos la centralidad del cuerpo, la raza y el género.
El papa Francisco ha afirmado en numerosas ocasiones que los pobres son la carne de Cristo. Sin embargo, aunque el cristianismo es la religión del cuerpo, como leemos en 1Timoteo 3,14, el cuerpo ha sido el gran ignorado y devaluado a la vez que objeto de opresión y violencia en base a la jerarquización de la raza y el género. Por eso, un sentir que sigue siendo urgente para hacer teología desde el lugar teológico de los pobres y las pobres es la opción a favor del cuerpo. El cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo cósmico, la tierra como cuerpo de Dios. El cuerpo es el centro de todas las relaciones, con sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales. El cuerpo como lugar de comunión o de fractura, como lugar de respeto al otro o de humillación y abuso, como lugar de éxtasis, amor, y liberación o por el contrario de violencia y explotación.
Cuerpos marcados que llevan tatuados en la piel la violencia de las fronteras, el abuso sexual, la explotación laboral, la discriminación por ser negra o negro. Los cuerpos de las mujeres que siguen siendo concebidos en la mentalidad patriarcal dominante como cuerpos a disposición del varón e impurospara la representación de lo divino. Cuerpos violentados, discriminados por sus orientaciones sexuales o apaleadas por las fuerzas de seguridad bajo la legalidad injusta de la ley mordaza o la ley de extranjería. El cuerpo como lugar de Justicia, reconciliación, signo del Reino y resurrección. Cuerpos que vuelven a la vida tras pasar la noche de los infiernos humanos: cuerpos convertidos en campos de batalla, en botín de guerra, sometidos a tortura, hambre, pederastia, invisibilidad, trata, explotación laboral, cuerpos que son lugares teológicos, carne de Cristo.
Pero el cuerpo no es sólo cuerpo individual, sino también cuerpo social, clase, raza, cultura subalterna frete a la hegemónica que impone lo que es bello o lo que no, lo que es sujeto de derechos u objeto de explotación y de conquista. La reivindicación del cuerpo en la teología significa la valoración del pluralismo, de su diversidad, la salida de un universalismo abstracto que en realidad no es más que el universalismo masculino, blanco, y occidental, para entrar en la singularidad de cada ser humano, y situación. Significa también la superación del miedo a la sexualidad, a la afectividad y al placer y su reconocimiento como bendición de Dios.
También la tierra como cuerpo de Dios constituye un nuevo acento en la comprensión de los pobres como lugar teológico. La Madre tierra es un sujeto oprimido, expoliado, abusado, hasta el punto que el grito de la tierra es el grito de los y las pobres que nos reclaman con urgencia un cambio de rumbo, como nos recuerda Laudato Si. Todo está interconectado y es la misma mentalidad depredadora que mata la biodiversidad la que masacra pueblos y comunidades enteras generando la cultura del descarte. De ahí que un verdadero planteo ecológico tenga que ser necesariamente integral y estar vertebrado por la justicia (LS 49). La conversión a los pobres hoy no puede ser por tanto concebida si no es también desde una conversión a la tierra. Esta conversión implica pasar de una visión antropocéntrica del mundo a una visión ecocéntrica más amplia, una democracia cósmica, que sea capaz de incluir otras especies en el círculo de lo que consideramos religiosamente significativo. Para ello es necesario superar el dualismo jerárquico que divide en dos pisos la realidad primando el elemento espiritual sobre la materia y en consecuencia separando a Dios del mundo, de lo terreno, de lo concreto.
Convertirse a la tierra implica descubrir a un Dios dador de vida en y con la comunidad ecológica de especies que sostiene el fluir de la vida en toda su diversidad desde la creatividad y la sobreabundancia del Amor. La conversión ecológica significa enamorarse de la tierra como cuerpo de Dios, desarrollar una relación profunda con el dinamismo vital del cual es origen y comprometernos con él en su cuidado desde las vidas más amenazadas.
Otro sentir y acento emergente importante para resignificar el lugar teológico de los pobres es la diversidad y la interculturalidad. En la historia y más aún en la de la iglesia la diferencia ha estado vista bajo sospecha y amenaza, quizás como lastre heredado de una teología trinitaria más al servicio de un Dios todo poderoso y controlador que del Dios-Relación, comunidad de amor, que asume e integra diferencias sin asimilarlas, como nos revela Jesús en el encuentro con la mujer sirofenicia o la samaritana. Un Dios que rompe con todo exclusivismo religioso y cultural y al que se le rinde culto en espíritu en verdad, allí donde emerge la autenticidad, la transparencia, donde brilla lo más auténtico del ser humano, lo más hondo. Un Dios cuyo culto y adoración no está vinculado a un lugar físico o un espacio privilegiado sino más bien a una actitud indispensable, una posición existencial imprescindible: la honradez con lo real, la reverencia ante el misterio de proximidad en que se encarna y a hacerlo en espíritu y en verdad, lo cual es posible para cada ser humano, cada pueblo, y cultura de la tierra.
Por otro lado, la globalización y la movilidad humana nos desvelan una verdad que nos sigue costando reconocer y asumir: no somos hijos e hijas únicas ni nuestra cosmovisión es superior a otra. La identidad de un pueblo, una cultura, una religión no es una realidad estática sino dinámica y precisamente sólo en el diálogo y el tejido de las diferencias desde el entramado de la vida compartida se pueden desarrollar aspectos inéditos que las culturas, los pueblos y las espiritualidades y las personas portamos seminalmente (AD 11). Porque la diferencia es también algo que llevamos dentro. Es también lo que todavía no ha sido escuchado profundamente, mirado, acogido. Es una posibilidad por estrenarse en la danza de la vida entendida como relación e interdependencia. Por tanto la diversidad no es una amenaza para la comunión sino justo su condición. Dios es una realidad viva en el arco iris de la humanidad y del cosmos y no una verdad estática encerrada en un dogma.
Identificar a los pobres y las pobres hoy como lugar teológico desde este acento es una llamada urgente a superar el etnocentrismo, a creer que nuestra cultura y cosmovisión es el modelo, porque todas las culturas están llamadas a la conversión.  Todas las culturas contienen elementos evangélicos y elementos diabólicos, es decir elementos que rompen  la comunión, la fraternidad y la sororidad humana. Por ello es necesario descolonizar la teología, la espiritualidad, la convivencia y la vida cristiana en general. Necesitamos vivir una fe más católica en el sentido más original del término, precisamente no más romana y occidentalizada, sino más intercultural. La interculturalidad es una forma de vida consciente en la que se va fraguando una toma de posición ética a favor de la convivencia con las diferencias, desde una mayor conciencia de igualdad y reciprocidad entre la diversidad de culturas, la interacción y comunicación simétrica, buscando diálogo entre iguales y sin jerarquizaciones previas. Su punto de arranque es por tanto la apertura a la pluralidad de textos y contextos considerados todos ellos como fuente de conocimiento y sabiduría.
Descolonizar la teología nos desafía hoy a:
-Repensar de nuevo la propia tradición a la luz del dialogo crítico con otras tradiciones renunciando a posturas dogmáticas
-Atrevernos a sospechar de las certezas prescritas y reconocer que la diversidad de culturas ofrecen visiones emancipadoras que son útiles en la búsqueda de nuevos modos de vida y que cada cultura tiene en si elementos valiosos que aportar y que aprender.
-Apostar por el conocimiento que emerge de las experiencias existenciales de las personas, colectivos y pueblos, es decir, reconocer y optar por sabidurías, lenguajes, símbolos que nacen del reverso de la historia y que desde la lógica del poder hegemónico se consideran periféricos, no oficiales, saberes y conocimientos compartidos que nacen del amor, la solidaridad, los sueños y las luchas comunes.
***
[1] Carmina Navia, Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas,  Franciscanum. Revista de las ciencias del espíritu, vol. LI, núm. 151, enero-junio, 2009, pp. 21-36 Universidad de San Buenaventura Bogotá,

Los pobres (y las pobres) como lugar teológico, a la luz de nuevos sentires emergentes

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viernes, 22 de diciembre de 2017

JESÚS NACE POBRE ENTRE LOS POBRES Lucas 2,6-19





"No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".







En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. 

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

La visita de los pastores

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!"

Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado". 

Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Lucas 2,1-20.-



Jesús nace como parte del pueblo


Lucas 2,6-19


Nacimiento de Jesús

Jesús nació en la última pobreza: en un corral de animales. Nadie quiso abrirle la puerta de su casa. Desde su mismo nacimiento comenzó a sentir por experiencia propia el desprecio que se tiene a los pobres.

Jesús compartió voluntariamente nuestra pobreza. Se hizo pobre por nosotros. Porque sabe que con los pobres y desde los pobres es posible caminar hacia una sociedad de hermanos.

El hecho de que Jesús haya querido nacer en el seno de una joven familia popular marca para siempre a sus seguidores. Nuestra fe es fe en un pobre. El Dios en el que creemos se hizo parte de nuestro pueblo.

En aquel tiempo ya había gente que esperaba a un Salvador que viniese de los grandes, de los poderosos. Pero no fue así. Jesús vino como Redentor pobre, como servidor, como alguien que se entrega al servicio a los demás hasta la muerte.

La pobreza voluntaria de Jesús significa que Dios está del lado de los pobres. Las promesas de Dios se cumplen a partir de los despreciados de la sociedad, de quienes Cristo se ha hecho parte.

La Historia y la Palabra de Dios hay que entenderlas desde los pobres. Con Jesús nos sentimos orgullosos todos los pobres, especialmente los jóvenes.

Intentemos imaginar y dialogar sobre el nacimiento de Jesús lo más realmente posible, sin romanticismos, pero con mucho cariño y compromiso.








HAGÁSMOLE UN LUGAR PARA QUE NAZCA




"Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores."

Evangelio de Lucas 2, 1-20.-




A mis hijos.-





Ellos recibieron un anuncio extraordinario, increíble, ellos, sin embargo, creyeron, se pusieron en marcha y fueron a Belén para ser testigos de lo que había sucedido. Eran pastores y ese anuncio excepcional,  no lo hizo el Señor a otros, sino a los más sencillos, a los hombres más pobres de ese lugar y de ese tiempo. De este modo, Dios,  que nos ama a todos, y que desde su siempre, siempre quiso ofrecernos ese Amor único; en ese instante histórico concreto y trascendente, nos lo hace con Jesús de Nazareth Nace en épocas de dominio imperial romano omnímodo, brutal y cruel, preservando de hecho a reinos como el de Herodes Antipas, que en si, no eran más que arcaicas dinastías tan corruptas y perversas como aquel régimen de Roma. Siendo, en este sentido, una estirpe cuya característica preponderante fue la incondicional subordinación a sus objetivos e intereses estratégicos de dominación en la región. Así es, como a través de una intrincada red de organización gubernamental, el predominio de los Cesares, somete a toda la vasta Palestina, económica, militar, religiosa y políticamente: 

"En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconitide, y Lisanio virrey de Abilene bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías en el desierto" (Lc 3,1-2)

En este contexto de opresión, Dios se entrega a si mismo interviniendo en la historia, en un pueblo que desde hacia tiempo esperaba al Mesías, al Cristo, al Ungido, como un líder épico que restauraría a Israel, aplastando al invasor e instaurando su Reino Mesiánico. No fue así, fue con un niño humilde, amantado por su madre en la emergencia de una situación limite y en un lugar, también, de última necesidad.

Un censo decretado por Augusto, en pleno embarazo de María, fue la causa de una exigencia que determinó dónde y cómo nacería Jesús: 

"En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue." Lc. 2,1-7.-

Aquella noche que de oscura resignación se vuelve toda Jubilo, Dios les envía a Aquel que tanto aguardaban, el tan esperado por todo el pueblo, haciéndose carne en un bebe, en condiciones de una extrema pobreza campesina, habitual en los hijos de aquella clase social; nacido en un establo, envuelto en pañales y puesto en un pesebre donde los animales comen... No, no se trata de una estampa abonanzada o naif como la cultura del poder nos ha inculcado siempre. Se trata de un suceso, un acontecimiento excepcional por su significación salvadora y liberadora, en las condiciones materiales que el propio Dios eligió para encarnarse como el más pobre entre los pobres y porque así también, al mundo, expresado en una pequeña aldea, le fue apático, indolente, que una joven mujer pariera en cualquier otro lugar, menos en una de las tantas casas a las que acudió. Nadie le hizo lugar en Belén de Judea... Nadie!!

Los pastores, recibieron una BuenaNoticia, un Evangelio que no callaron, al contrario, presurosos se lanzaron a anunciarla a José y a María primero, y luego, la extendieron a todos. Fueron ellos los primeros mensajeros, los enviados privilegiados de la Promesa hecha realidad. Y dice Lucas que 

"María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón", ella ya sabia del designio de su hijo, ella ya sabia, y en su corazón, amaba, reflexionaba, oraba... María la Madre, María la mujer, Ella, enaltecida por el Amor y escogida por Dios para entregarnos a su único Hijo. María bendecida y a través de ella, toda otra mujer. Con su Sí, todo fue posible, toda la Palabra creció en su vientre.

Al llegar la hora de dar a luz, tuvieron que golpear muchas puertas, pedir una y otra vez por una sencilla habitación para el alumbramiento. Fue muy difícil, el censo había llenado las posadas y ninguno abrió su corazón, todos dijeron no o ni siquiera atendieron el llamado de dos padres desesperados ante la inminencia del parto. Persistió el egoísmo o la indiferencia (que son hermanas) antes que la solidaridad. Toda Belén estaba desbordada, sin un rincón al menos para la parturienta y el niño...

María iba a parir no podía más... y a donde ir? la realidad del pobre nos obliga a vivir un nacimiento en la marginación, en la exclusión, tan similar a la que padecen hoy millones, pero aún así, en la mas grande Dignidad.

Que en estos tiempos tumultuosos y tan críticos, donde la fe nos pone pruebas y adversidades enormes, donde la miseria se radica en un sistema cada vez más salvaje, generador de más y más explotados; que en este mundo de desigualdades escandalosas, con riquezas alucinantes que ostentan el poder irrazonable e inaceptable de unos pocos privilegiados; ese Jesús, el mismo de ayer y de siempre, hoy, encuentre un ámbito digno donde nacer... Hagámosle un lugar en nuestra casa, abramos la puerta para que la embarazada pase con su Vida y llene las nuestras, agotadas de cansancio y desesperación. Esta vez, no lo obviemos de nuevo, no lo dejemos pasar de largo!! Tampoco nos engañemos: El no está en el desenfrenado consumismo de shoppings, ni en la comilona tradicional de hedonismo absurdo. La reunión familiar está bien, pero si la compartimos en la simplicidad y la alegría con otros, será mejor. La navidad de Jesús, la encontramos en los otros, nuestros prójimos, allí donde está precisamente el Señor, allí donde habita el dolor y las carencias de todo orden. Cuando vamos hacia el hermano que sufre vamos al mismo Dios, al mismo Cristo!! Ahí nace en nosotros, ahí está siempre la Navidad verdadera.

Vemos todos los días que se acerca a nosotros y nos llama, nos golpea... No dejemos ahora, que se tenga que ir a vaya saber dónde, hagásmole un lugar digno para que pueda nacer. Para reconocerlo solo es necesario tener la simpleza y disposición de aquellos empobrecidos pastores, que en la noche que pario la Esperanza, fueron testigos del gran Amor y lo proclamaron.






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NAVIDAD DEL LADO DE LOS POBRES Por Washington Uranga





Curas en Opción por los Pobres.



El saludo de curas y del obispo Colombo

Navidad del lado de los pobres





"Los curas en la opción por los pobres, queremos invitar a nuestro pueblo a renovar la misma opción que hizo el Dios de los Pobres, y que celebramos en la Nochebuena", dice el mensaje dado a conocer por el grupo de sacerdotes católicos con motivo de la Navidad. Y en su texto expresan que "esa opción, es imitar al Dios que se pone del lado de los que en la Argentina de hoy han quedado desheredados por imperio del capitalismo que, como en aquel tiempo y siempre, se pone del lado de los poderosos".



Por su parte Marcelo Colombo, obispo de La Rioja y vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal, en su propio saludo navideño reconoce que "los últimos días han sido de gran dramatismo" y refiere al respecto a las "diferentes normas propuestas al voto de los legisladores, muchas de las cuales afectan la vida de nuestros ancianos, la violencia y los desmanes en las calles, el enfrentamiento verbal de tantos sectores llamados a ejercer responsablemente su misión en la comunidad política, el olvido de la importancia del diálogo y la creación de consensos como camino para la vida común". Sostiene el obispo que todos estos son signos "que nos hablan de la necesidad de volver al Dios de Belén" y pide que en la Navidad "el Señor nos ayude a crecer en capacidad de salir al encuentro de los hermanos, a superar las diferencias, a sanar nuestros corazones de todo lo que nos enfrenta a los demás no dejándonos sosiego ni posibilidad de una vida serena".


En otra parte de su mensaje navideño los Curas expresan también su decisión de ponerse "del lado de los jubilados y pensionados que el próximo año perderán casi un haber mensual, tan necesario para sus remedios, alimentos y dignidad, que este gobierno ha decidido recortarles para responder al pedido del imperio de la Banca Mundial". Porque, agregan, "ellos junto a los ex combatientes y a los pensionados por discapacidad, serán las víctimas de este recorte fatal, que incluye la falta de medicamentos, la desatención en el PAMI y la quita de subsidios".

Reiteran igualmente su determinación de estar junto a los "niños y niñas, cuyas madres reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH), que, por decisión del Imperialismo internacional del dinero reinante, perderán el valor de la leche mensual de cada niño, para equilibrar las cuentas de la deuda". Y de acompañar también a "todos los trabajadores y trabajadoras que tendrán un futuro incierto en sus aportes patronales recortados brutalmente con efectos desoladores en su futura y lejana pensión de la vejez".

El mensaje de los Curas en la Opción por los Pobres tampoco olvida a "las presas y presos políticos que son la expresión de la escandalosa destrucción de la justicia en nuestro país" e insisten en ponerse al lado de las familias de Santiago Maldonado y de Rafael Nahuel, que "junto con tantas personas de buena voluntad que habitan el suelo argentino” esperan "esa justicia que no vislumbran...".

Finalmente señalan los sacerdotes católicos que trabajan en medios populares que "nos ponemos del lado de la ingente cantidad de desocupados que crece día a día y se pregunta con lágrimas por su futuro y el de sus familias" y "del lado de cada pobre, los que están en el pesebre".

Con motivo de la Navidad los Curas sostienen que "Dios entra en nuestra historia para transformarla" pero "cuenta con nosotros para hacerlo". Es decir, "cuenta con nuestros brazos, nuestras palabras, nuestras ideas". Y en consecuencia, siguen apuntando los sacerdotes "decirnos entre todos ¡Feliz Navidad!, se transforma en compromiso y militancia para que realmente lo sea; para que Jesús nazca, y con él nazca la Justicia y sea Esperanza en un mañana nuevo de vida y de fiesta para todas y para todos".



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